lunes, diciembre 11, 2006

Notas de viaje 2: Vino en El Caribe

Desde que soy mosquetero adquirí de forma inconsciente una nueva sensibilidad. De ser un apasionado por el vino me transformé en un observador obsesivo de la industria, lo que implica que ya no sólo me preocupo por degustar un buen vino, sino que ahora también me preocupa su etiqueta, botella, corcho, forma de comercialización, etc. tal como si una neurona especialmente sensible al tema vitivinícola estuviera trabajando en turnos 24x7, incluso en vacaciones.

E incluso en Disneyworld, pues aunque al visitar este tipo de destinos claramente uno no privilegia al sibarita que todos llevamos dentro, no dejaron de sorprenderme un par de cosas:


  • La etiqueta (si se puede llamar así) del vino de Georges Duboeuf. Esta viña francesa es la que hizo conocido el beaujolais, y tengo la percepción de que su botella claramente destaca las cualidades de este vino, que si bien no he probado sí me han descrito. Fresco, frutoso, alegre. En lugar de la tradicional etiqueta este vino tiene una botella forrada de algún material plástico, que transforma a la botella en una gran etiqueta. Algo novedoso y alineado con las características de este vino que impulso la viña, al margen de que también produce las cepas tradicionales (la imagen y forma se mantienen, aunque cambian los colores del diseño). Más allá del detalle, el look de las botellas me hizo reflexionar acerca de lo clásicos y pacatos que somos por estos lares para etiquetar nuestro vino, y pensar en si queremos seguir esta línea con el nuestro.
  • Al volver a Miami mi primer encuentro con vino se produjo en una de estas tiendas multiservicio que abundan en Estados Unidos. Como Walgreens, aunque estoy seguro de que se trataba de otra cadena cuyo nombre ahora no recuerdo. Al dirigirnos a la caja, entre helados, dulces y postres que se promocionaban para irse con nosotros al hotel aparecieron las botellas de Gato (cuál más), tal como en el comercial... en todas las latitudes.
  • En Miami se realiza el Miami International Wine Fair, que tras su quinta edición parece un evento interesante para conocer algún día. El programa incluía una charla titulada The Ultimate Chilean Wine Tasting, incluyendo catas de Purple Angel Carmenere 2003, Folly 2003, Seña, Altair 2003, Montes M 2003, Almaviva 2003 y Don Melchor 2003.

Tras el paso por Orlando y Miami abordamos (junto a mi señora y nuestros sibaritas respectivos) un crucero rumbo al caribe, lugar en el que por supuesto no teníamos planeado dejar al vino de lado, por lo que mis notas aumentaron en este lugar:

  • El vino es carísimo. Aunque este indicador por supuesto será relativo al bolsillo de cada uno. A bordo ningún vino cuesta menos de US$20, ninguna copa menos de US$5,50. Los vinos más baratos eran generalmente californianos. ¿Vinos chilenos? pocos, Caliterra entre ellos (Merlot, Sauvignon Blanc y Chardonnay andaban por los 27). Los Syrahs varietales oscilaban entre los 24 y 49 (Footprint de Sudáfrica y Ogier Caves des Papes de Francia, respectivamente). El único vino reserva de esta cepa era un Penfolds del Sur de Australia a 129 (clasificado por la viña como Super Premium).
  • A los precios comentados, comprenderán nuestro presupuesto no permitió disfrutar de un vino en todas las comidas, por lo que nos arreglamos para contar con él en cada una de nuestras cenas. El crucero te da la opción de comprar grupos de botellas de diferentes paquetes de selecciones de vinos (Gold, Platinum y Diamond, de 5, 7 o 12 botellas). Optamos por los 5 Gold, a unos 125 dólares. Conclusión: hay gente dispuesta a pagar mucho por vino (no es malo).
  • Tras comprar el combo y al momento de elegir vinos blancos para acompañar una entrada de mariscos, nos dimos cuenta de que la selección incluía Caliterra, por lo que nos fuimos a la segura con un Sauvignon Blanc. Tan bueno fue el vino que al momento de optar por el vino para maridar la langosta en una noche posterior no dudamos. Sin embargo, sin estar malo, su sabor era completamente diferente (misma cepa, misma cosecha). Pensé que podría tratarse de algún problema en el manejo de las botellas (lo que me hizo pensar en de alguna forma incluir indicaciones de esto en las nuestras), si bien Sergio luego me comentaría que para cumplir con los pedidos y acuerdos comerciales, muchas viñas 'rellenan' eventualmente botellas con vino que no es el etiquetado, cumpliendo con los niveles de calidad y acuerdos, aunque crean dudas como las mías. A mi me encantó lo achardonesado del vino de la primera noche... aunque ese al parecer no es el vino que ellos venden (la conclusión es que no me gustaría transar la calidad del producto por la ambición pues uno se debe a su público, no?).
  • Dicha situación me hizo reflexionar sobre otro tema, disponibilidad. ¿Qué hace que un vino esté en la carta de este tipo de cruceros? Aunque no encontré a alguien que pudiera darme una respuesta más específica que 'el equipo de Enólogos de la línea de cruceros selecciona los vinos', estoy seguro de que el tema disponibilidad no deja de ser muy importante. Royal Caribbean mantiene la misma carta de vinos para todos sus cruceros, está hecha en buen papel, por lo que claramente no la imprimen todos los días. ¿Qué quiero decir con esto? Que con los 21 barcos que tiene la empresa, haciendo al menos 4 cruceros al mes, las viñas deben tener una buena cantidad de botellas a bordo para responder a la demanda que se puede generar. Si yo tengo un excelente vino, pero sólo produzco 100 botellas, lo más probable es que mi lugar no sea en la carta de un crucero, pues por su sistema no estaría dispuesto a incluirnos en una carta. Asumo que lo mismo pasa con restaurantes y por lo mismo se hace relevante dosificar la comercialización de forma de responder de buena manera a clientes que mantienen un flujo de compra.
  • Por último. Comentario aparte se ganó el Footprint (de New World Wines). A diferencia de los complejos Syrahs que he probado en Chile, este Shiraz (como dicen ellos) es muy fácil de tomar. De baja acidez, liviano, frutoso y de sabor muy definido (13,9% alc). Se maridó perfecto con el cordero de esa noche. Una muestra de la diversidad de los vinos de esta cepa. Adicionalmente, una etiqueta simple, sin mucho que decir (una huella de zapato) que en el sitio de la viña se explica como Aquellos que marcan el camino en lugar de seguir al resto.