Notas de viaje 1: Salta
Que el vino chileno apunte su comercialización al mercado internacional es algo que a estas alturas no sorprende a nadie. En la medida en que conceptos como globalización, tratado de libre comercio y otros similares comienzan a ser parte de la agenda y políticas nacionales, nuestra visión local se ha ampliado y nos hemos convertido en expertos del comercio internacional.Para darnos cuenta de eso basta con solamente recordar algunos episodios como el alza del precio internacional del cobre, que por su alta demanda –principalmente de China- , permitirá generar fondos para investigación y desarrollo a través de su royalty; los granos de uva con cianuro y la ensalada de frutas al viento frente a las embajadas de Estados Unidos y Brasil (en 1989); los problemas de la industria salmonera y el dumping; o para el otro lado, los sustos por el ingreso de la fiebre aftosa, el mal de las vacas locas o la mosca de la fruta al país.
Bajo este contexto -que muchos podrán catalogar de excusa y justificación... tal vez con algo de razón- es que esta semana, aprovechando mi estadía en Salta he tomado la oportunidad de degustar el vino local.
Al decir local me refiero a los vinos de la provincia de Salta (en el norte de Argentina, a latitud similar que la de Antofagasta), pues ya son bien reconocidos los vinos producidos en Mendoza y Córdova, los que han sido capaces de demostrar que el vino argentino ha sabido superarse y encontrar su espacio en el mercado global (principalmente con su cepa insigne, el Malbec).
Mi primer encuentro con el vino local fue un Laborum Torrontes 2004 de la Bodega El Porvenir (según los antecedentes un excelente representante del Torrontes otrora la cepa argentina por excelencia, antes de la aparición del Malbec). Era el almuerzo de bienvenida y el vino nos esperaba como aperitivo servido bajo la sombra de imponentes árboles en la Finca Manantial del Milagro. Se trata de un vino blanco proveniente del valle del Cafayate, bastante dulce, pero a la vez bastante seco. Bastante simple, con ausencia de barrica y mayores aromas, a mi parecer algo encaminado a lo que sería un vino en caja chileno, pero con un mayor dulzor. Conciente de que el mejor vino es el que a uno más le gusta, diré que este no me gustó y que sólo me queda la opción de disfrutarlo a futuro junto con algunas frutas en un buen arreglado. Me quedó la impresión de que el calor y el sol de la región marcan las uvas utilizadas en este mosto (al margen de que la tradición dice que en Salta no se presentan condiciones extremas de temperatura, los días de mi estadía hubo máximas que superaron los 30 grados). Yo me esperaba un vino fresco para combatir el calor, algo como un Chardonnay de Casablanca, y no obtuve nada de eso.
Al margen, la copa utilizada tampoco aportó a que se expresaran otros elementos del vino.
De todas formas, para pasar el mal rato, busqué una segunda alternativa en la misma actividad. Era un Cabernet Sauvignon, de la misma viña 2005. Varietal, mal equilibrado, diría que achichado, aunque no uso esta palabra porque posea el típico gas de la fermentación de la chicha, si no porque su impacto dulzón frutal era muy intenso en boca, como si el vino hubiera sido producido con fruta pasada, algo que afectó el sabor y no oportó aroma. Más allá de la descripción, ni terminé la copa... con eso les digo todo.
Comprenderán que después de esas experiencias probar otro vino resultaba una lotería si es que realmente esperaba encontrar algo que me gustara. Afortunadamente, mi tesón tuvo su premio cuando probé el tercer vino en un cocktail al día siguiente. Un Elementos Tannat 2006 (cepa insignia del vino uruguayo) Creo que es la primera vez que degusto un vino realizado con tannat y ciertamente nunca pensé que encontraría una versión salteña de él. Lo describiría como elegante, equilibrado, robusto, con notas a berries oscuros y barrica, muy interesante y con carácter. Tanto que rápidamente se acabó sin que pudiera degustar más. Los comentarios acerca de su color quedan pendientes, pues el cocktail fue en la piscina del hotel sin mucha luz ambiente. Sin ser conocedor lo describiría como un punto medio entre el syrah y el malbec, con personalidad pero sin la potencia de algunos de éstos vinos (al menos en este caso).
Para conseguir una botella de este vino y poder explorar más fui a comprar uno a un supermercado (AR$18,50, unos $3.145). Averigüé que este vino se produce en los valles Calchaquíes, a 2000 metros de altura, en los viñedos de Bodega El Esteco.
Ya sabrán qué tal si es que leen que insisto con el tema del tanta (Quien sabe si a alguien se le ocurre hacer algo con esta cepa en Chile…). Además de este vino compré un Norton Roble Syrah 2003 (AR$18) y uno de mis favoritos argentinos, el Santa Julia Chenin Dulce 2006 (AR$9,50). De mi visita al supermercado en Salta dos comentarios más:
- Me llamó mucho la gran presencia de Gato (hecho en Mendoza), tinto y blanco, uno de los vinos en botella más baratos entre los disponibles.
- Revisando etiquetas para sacar ideas me encontré con un Special Blend de la Bodega del Fin del Mundo que me pareció muy atractiva. Esta botella es la que ilustra esta nota y su etiqueta está realizada en una especie de metal pegado a la botella. No compré ninguna para tener muestra debido a su precio: AR$120, unos $20.400.
